La crisis como inicio de algo nuevo.


La mayoría de personas consideran las crisis como algo negativo, como un momento en que todas las cosas van mal y por lo tanto en que lo mejor es sentarse a esperar que esto pase sin más, sin hacer nada y sin afrontarlo de ninguna manera, pues seguro que los amigos, los padres, la pareja o el gobierno (según sea el tipo de crisis que vivamos) va a venir a solucionar todos los males que nos están atacando, y eso es el primer error que estamos cometiendo.
Una crisis aparece tras darse entre otras alguna de estas situaciones:

-Una situación de alerta: Aparición de problemas en el entorno o en nuestra propia vida, ya sea por el trabajo, con amigos, o como sucede en el momento actual debido a una coyuntura global en la que nos hemos visto inmersos, y que podemos presuponer que nos va a causar problemas, ante los que tenemos que estar prevenidos. Pero una vez que estos problemas han aparecido, ya estamos inmersos en nuestra crisis particular, pues, aunque sea global nos afecta a nosotros y en tanto que esto sea así hemos de estar listos para afrontarla y superarla, no podemos dejar que fluya, pues de lo contrario solo conseguiremos que nos arrastre.

-Una situación de ruptura: Podemos encontrarnos ante el fin de una relación de pareja, de un despido en el trabajo, de la traición de un amigo, la muerte de una persona cercana, de una grave enfermedad que nos acaban de encontrar o de otro tipo de situación que nos ha llegado sin previo aviso y que ha afectado de manera importante nuestra vida. Así pues, es algo para lo que no hemos estado preparados pero no podemos dejar que pase sin hacer nada.

-Problemas que se han podido acrecentar o que también han aparecido de manera repentina, pero no como en el primer punto que hemos podido prever y prepararnos de alguna manera, sino aquellos que por no ser esperados nos han pillado fuera de juego y pueden en ese momento causar una afectación importante de nuestra vida.
Cualquiera de estas situaciones tiene que provocar necesariamente una reacción por nuestra parte, y esta solo puede ser de dos tipos básicamente:

-Negativa: Dejarnos llevar por la situación y lamentarnos de ella sin hacer absolutamente nada. Podemos dejar que provoque una fuerte ruptura en nuestra vida. Podemos permitir que nos deprima hasta causar un problema depresivo mayor. Querer tomar decisiones en el corto o muy corto plazo, casi sin pensar y que posiblemente no nos van a llevar a una salida correcta de este problema.

-Positiva: Buscar un cambio en nuestra situación actual, intentando modificar aquellas cosas que nos han llevado a ella, actuando sobre el entorno para adaptar el cambio y no sufrir de manera tan grave sus repercusiones. Hay que marcar nuevas metas, nuevos caminos y en general objetivos que nos hagan avanzar e impidan el estancamiento. Hay que plantear decisiones de futuro en el medio y largo plaza, de manera meditada y realista, que sean perfectamente posibles de cumplir y sobretodo con idea de cómo las vamos a llevar a cabo.

Ante todo, tenemos que tener algo muy claro y es que las crisis no es un momento para rendirse, sino que es la oportunidad de hacer estos cambios, de modificar cosas que no han funcionado. Aquel que en una época de crisis no modifica nada, que no lleve a cabo ese proceso estará necesariamente preparando una nueva crisis que posiblemente será tan o más grave que la que habremos pasado. Así pues, pensemos en positivo y afrontemos estos problemas de manera positiva.


En ocasiones es cierto que esto no resulta tan sencillo. Ciertamente muchas personas dirán que requiere de un esfuerzo consciente y potente, y así es. Claro está estamos hablando de crisis que nosotros mismos podemos asumir, pero hay casos en los que no será así, y aunque nuestro planteamiento deberá de ser el mismo hay que no olvidar nunca que podemos y debemos de pedir ayuda cuando sea necesario.

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