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22 feb. 2009

El estrés postvacacional, una tendencia que crece


Los especialistas aseguran que cada vez hay más casos de personas que vuelven de su período de descanso con severas crisis de nervios, irritabilidad y ansiedad.



En general, el final de las vacaciones va acompañado de un sentimiento de añoranza o angustia por los lindos momentos vividos, el descanso sinfín y el divertimento continuo. Sin embargo, en algunas personas esto puede ir más allá, y transformarse en algo más.

La depresión, el nerviosismo generalizado, la irritabilidad y la ansiedad, muchas veces acompañadas por síntomas físicos, atentan contra el normal restablecimiento de la rutina de muchos ex turistas.

En ese sentido, un informe del Centro de Estudios Especializados de Trastornos de Ansiedad (Ceeta) confirmó la tendencia creciente de cuadros de trastornos de ansiedad posteriores a las vacaciones.

Según señaló Gabriela Martínez Castro, directora de este centro de salud, "hoy en día es más que frecuente encontrar en nuestras consultas a pacientes que explican que su problema comenzó un tiempo luego de las vacaciones, que están nerviosos, angustiados y sobresaltados, todo les preocupa, transpiran mucho, tienen taquicardia y problemas para dormir. En ciertos casos, acompañan el relato con una crisis de pánico, como corolario".


La especialista explicó que, en algunas personas, las situaciones de estrés se mantienen en el tiempo, y se transforman en trastornos de ansiedad.


Trastornos de ansiedad después de las vacaciones

La licenciada resaltó que, en aquellas personas que sufren de estrés postvacacional, se pueden presentar dos cuadros bien diferenciados.

El primero de ellos es el trastorno de pánico, un episodio inesperado y repentino que alcanza su máxima intensidad a los 10 minutos de haber comenzado y está acompañado de algunos síntomas físicos como visión borrosa, taquicardia, temblores, sudoración, mareos o sensación de inestabilidad, dificultades gastrointestinales, sensación de ahogo y de un intenso temor a morir, perder el control o volverse loco.

"En general la persona teme volver a padecer otra crisis, y por tal motivo, va restringiendo las actividades de su vida cotidiana, hasta quedar incapacitado por el miedo y bajo la dependencia de otros, por temor a necesitar recibir ayuda en caso de una nueva crisis", sostuvo Martínez Castro.

El otro es el trastorno de ansiedad generalizada. Se trata de una preocupación excesiva por diferentes temáticas que pueden ser o no graves, reconociendo que la magnitud de la preocupación sobrepasa los motivos que la suscitan, sin lograr controlarla. Además, el que lo sufre no puede jerarquizar adecuadamente el orden de importancia de los problemas que le preocupan.

Quien lo padece vive sobresaltado, irritable, fatigado, con dificultades en el sueño, temblores, sudoración, sensación de ahogo o atragantamiento, palpitaciones, problemas gastrointestinales o incluso puede sufrir una crisis de pánico.

"Es altamente probable desencadenar un trastorno de ansiedad generalizada luego de un período de descanso, como lo son las vacaciones, cuando el individuo vuelve a tomar contacto con las obligaciones cotidianas, puesto que la preocupación indiscriminada por todas las temáticas está al acecho. Este tipo de trastorno podría ser el que mayor merece el nombre de estrés postvacacional", aseguró Martínez Castro.

No obstante, aclaró que no todas las personas sufren de este tipo de estrés, sino aquellas que cuentan con predisposición genética para hacerlo, además de haber crecido dentro de un entorno temeroso, sobreprotector y ansioso.


Cómo superar el estrés postvacacional

Martínez Castro ofrece una serie de consejos para mitigar o evitar estos cuadros de nerviosismo luego de los períodos de descanso merecido. Entre ellos, resalta la necesidad de equilibrar en la agenda las horas de sueño; tener una alimentación balanceada, tiempo de ocio y recreación; fijar períodos de tiempo dedicado al trabajo, estudio o demás obligaciones; y hacer ejercicio al menos tres veces a la semana.

Por otra parte, aconseja tomar períodos cortos de descanso durante el año, en la medida de lo posible, además de tratar de resolver los problemas de a uno, dividiéndolos en diversos órdenes de complejidad, proponiendo alternativas individuales de solución y eligiendo la opción más realista posible, o aprendiendo a aceptar que dicho problema no posee solución.

Es necesario cambiar la visión negativa o catastrófica sobre los acontecimientos por suceder, reemplazando esa mirada por otra más realista y mesurada a la hora de evaluar la realidad. Y siempre recordar que no hay que intentar controlarlo todo: de hecho, es una tarea utópica, sostuvo la especialista.

"En caso no lograr manejar adecuadamente la situación de estrés, es aconsejable no perder tiempo y evitar que el cuadro avance, ya que puede resultar incapacitante para quien lo padece. Es aconsejable consultar a un experto en la materia, dado que con la terapia cognitivo-conductual se hace posible obtener el alta en pocos meses", concluyó la licenciada.

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