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25 oct. 2008

Jugador patológico


Personas que fracasan progresiva y reiteradamente en su intento de resistir el impulso de jugar, aunque tal implicación en el juego les provoque problemas en su vida Dr. Javier Martínez Dearreaza / Neurólogo-Psiquiatra.




El juego es una actividad común e importante en el reino animal y en el hombre, ya que además de su carácter lúdico posibilita la socialización y el aprendizaje de distintas conductas y roles: autocuidado, defensa, paternales, sexuales, etc. Se han encontrado restos arqueológicos que indican la importancia que el juego tenía en culturas antiguas.


También sabemos que siempre el hombre se ha sentido atraído por el azar y la fortuna, por la posibilidad de poder predecir el futuro y superar así las leyes del azar. También se han encontrado numerosos vestigios que ponen de manifiesto que ya existían apuestas sobre el juego en civilizaciones como la griega o la romana.



En algunas lenguas existen dos vocablos para diferenciar el juego con apuestas y el juego que se da por diversión. En la lengua anglosajona encontramos el vocablo “gambling”, que se refiere al juego donde se arriesga algo a cambio de la posibilidad de conseguir una ganancia, y “play”, que se utiliza para denominar al juego que sólo persigue el entretenimiento.
De la diversión a la dependencia

A lo largo de los siglos se ha ido manteniendo el gusto por las apuestas y los juegos de azar, lo único que ha variado ha sido lo mucho o poco que las leyes y la sociedad en general han admitido de estas conductas. Ahora bien, el juego y las apuestas pueden ser una actividad lúdica que proporciona excitación y placer, o pueden llegar a convertirse en un verdadero problema. En algunas personas el juego deja de ser una mera diversión y se transforma en una conducta dependiente: los jugadores patológicos.



A pesar de los graves problemas que acarrea el juego, no se le había prestado ninguna atención psicológica; la primera aproximación al respecto la encontramos en un ensayo de Freud de 1928 sobre la figura del jugador, escrito por Dostoievski. Ahora bien, este problema no será reconocido internacionalmente como un trastorno mental hasta varias décadas después, cuando en 1980 la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), lo incluye en el Manual de Diagnóstico y Estadístico de las Enfermedades Mentales (DSM-II).

La definición más acertada es la que dio Lesieus (1984), quien considera al jugador patológico como aquella persona que fracasa progresiva y reiteradamente en su intento de resistir el impulso de jugar, aunque tal implicación en el juego le provoque problemas en su vida personal, familiar, social y profesional.




¿Cómo se llega a ser un jugador patológico?

Para Luis, todo comenzó cuando llegaron las máquinas tragamonedas al país: primero jugaba con monedas de córdoba y no lo hacía por más de un monto de diez córdobas, pero notó que eran muy pocas las veces que ganaba y cuando lo hacía no era suficiente para reponerse de las pérdidas, de modo que aumentó la cantidad de dinero y el tiempo. Comenzó a faltar a la universidad y se aisló poco a poco de sus amigos, cada vez necesitaba más dinero y más tiempo.

Con la llegada de los casinos, Luis permanecía más tiempo jugando y gastando dinero. Como quería esconder su problema a su familia y amigos, se fue convirtiendo en un perfecto mentiroso. Para agravar el problema comenzó a pedir dinero prestado a amigos y prestamistas que se encontraban en los casinos; a este nivel ya Luis es catalogado como un jugador patológico.

Diversos autores han tratado de estructurar el proceso a través del cual una persona pasa de jugador social a convertirse en jugador patológico. Generalmente se trata de un proceso largo, que puede durar años, y que suele comenzar en la adolescencia.

Etapas del jugador


Fase de ganancias. La persona juega poco. No es extraño que consiga algún gran premio. Comienza a dar gran importancia a las ganancias y a minimizar las pérdidas lo cual aumenta su optimismo y autoestima. El jugador patológico se pasa mucho tiempo creándose imágenes de las grandes y maravillosas cosas que va a hacer cuando tenga una gran ganancia. A menudo, se ven a sí mismos como personas filantrópicas y simpáticas; sueñan con regalar carros nuevos, ropa y otros lujos a familiares y amigos. Los jugadores compulsivos se imaginan viviendo una vida cómoda y elegante, que se hará posible gracias a las enormes cantidades de dinero que ganará en el juego.

Tristemente parece que una ganancia o las ganancias que obtiene nunca son suficientemente grandes para poder realizar el más pequeño de sus sueños. Cuando los jugadores patológicos tienen éxito, siguen jugando para tener sueños más grandes y cuando fracasan, juegan con desesperación y se sienten tristes cuando ven que su mundo de sueños se les viene abajo. Luego luchan por recuperarse, teniendo más sueños y por supuesto sufrirán más pérdidas. Nadie puede convencerles de que nunca se harán realidad sus grandes planes. Ellos creen que sí se harán realidad, ya que sin su mundo de sueños la vida para ellos no sería tolerable.

Fase de pérdidas. Va aumentando progresivamente la frecuencia y cantidad de dinero invertido en el juego, lo que incrementa las pérdidas. Para hacer frente a las mismas, la persona se va endeudando y juega para obtener dinero para hacer frente a éstas, entrando en un círculo vicioso del que resulta difícil salir.

En esta fase, el jugador se ha creado una montaña de problemas sin solución aparente; aparte de los problemas económicos se le han creado problemas conyugales, laborales, sociales, familiares y legales. Los jugadores patológicos se vuelven concientes de que cuentan con pocos amigos y que la familia ya no cree en él.

Experimenta falta de control de sus impulsos y es difícil que reconozca su problema. Cuando la familia descubre las consecuencias del juego es poco probable que lo identifique como un trastorno psicológico, de modo que presionan al jugador para que deje de jugar pues piensan que si quisiera podría hacerlo. Como salida a estas presiones, el jugador generalmente promete que no va a jugar más, dando lugar a una pequeña tregua. La familia en este momento comete el error más grave, se hace cargo de las deudas y con ello hacen que el jugador no asuma sus responsabilidades.

Fase de desesperación. Al cabo de poco tiempo, el jugador recae en su conducta de juego, pero trata de ocultárselo a su familia y a los amigos. Pide préstamos aduciendo falta de trabajo o con otras mentiras. De ese modo termina sumamente endeudado, algo que en ocasiones le lleva a cometer actos ilegales con los que consigue dinero para seguir jugando. Estos delitos no suelen ser violentos, son desfalcos, apropiación indebida de dinero, prostitución, etc.

Cuando son descubiertas sus nuevas mentiras, el deterioro familiar llega a ser extremo. La persona se siente atrapada y en muchos casos el panorama empeora por el incremento en el consumo de alcohol, como un modo de evitar enfrentarse a las consecuencias de sus actos. Aumentan los signos de malestar, tanto físicos como psicológicos, y en ocasiones se pueden producir intentos de suicidio.

Los trastornos de la mente causan muchas dificultades en el ámbito familiar, social y laboral. Estos trastornos no se deben a debilidad o incapacidad de las personas, lo que sucede es que el cerebro es un órgano de nuestro cuerpo y puede enfermarse en cualquier momento. Si usted, un miembro de su familia o un amigo llegasen a tener un problema mental, lo más aconsejable es visitar al especialista.

Dr. Javier Martínez Dearreaza
Clínica San Francisco

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