Hipocondria, miedo a enfermarse


Todos sentimos alguna vez miedo infundado hacia una enfermedad, pero no todos hemos escarbado en sus síntomas y participado de ella, como sucede con los hipocondriacos, quienes crecen en número entre la tercera edad, afectando no sólo a su organismo, sino también al entorno familiar.
Por lo regular los hipocondriacos han seguido largo peregrinar de un consultorio a otro, pues no encuentran entre los diagnósticos médicos uno que los satisfaga y reconozca como enfermos; además, vierten comentarios negativos con respecto a la atención recibida en anteriores consultas y suelen culpar al especialista de su poca mejoría.
Son personas que exponen todo lo que les está sucediendo en forma muy detallada, refieren sus síntomas en cuanto a lugar, intensidad y momento de aparición.
Conocen a la perfección la forma en que deben tomarse pulso, temperatura y tensión arterial, además, contabilizan el número de palpitaciones por minuto, checando su condición varias veces al día; igualmente, saben qué alimentos y bebidas alteran su digestión y los grados de temperatura que convienen a su salud.
Han hecho de la preocupación por el propio organismo su eje de vida, y tienden a cuidarse en forma excesiva con el fin de prevenir el agravamiento de sus síntomas.
Origen A decir de psicólogos y psiquiatras, la hipocondria es un padecimiento caracterizado por el temor a sufrir o creer que se tiene una enfermedad que podría ocasionar graves consecuencias, basándose fundamentalmente en una interpretación distorsionada de los síntomas físicos que pueden afectar.
Es, entonces, una actitud que el individuo adopta ante un problema de salud.
Lo que para muchos puede ser una insignificancia, el detonador de la preocupación que acabará en hipocondria tendrá su origen en cosas como lunares, pequeñas heridas, tos, incluso latidos del corazón, movimientos involuntarios o sensaciones físicas no muy claras.
El individuo atribuye estos síntomas o signos a una enfermedad temida y se encuentra muy preocupado por su padecimiento, cuando en realidad éste no existe.
Los especialistas antes mencionados se enfrentan a un trastorno asociado muy a menudo con depresión, especialmente en ancianos, quienes sienten que han perdido valor ante la demás gente y ésta es la justificación para volver a llamar la atención de familiares y amigos.
El padecimiento puede adquirir en ciertos casos rasgos de neurosis, entendiendo a ésta como un estado de malestar y ansiedad, pero sin llegar a perder contacto con la realidad, o bien de sugestión, partiendo de una obsesión que toma grandes proporciones.
Finalmente, el hipocondriaco acaba renunciando a casi todo para consagrarse a cuidar su enfermedad imaginaria.
Solución Dado que no hay confianza en el médico, solucionar el problema puede resultar difícil.
Sin embargo, debe intentarse el acercamiento hacia el facultativo, aprovechando las visitas constantes, e incluso es conveniente solicitar ayuda psicológica, pues con base en un diagnóstico por parte de éste se podrá determinar el tratamiento a seguir.
Es de destacar que el hipocondriaco no sólo se ve afectado individualmente, su actitud también repercute en todo su entorno social, laboral y familiar, lo cual agrava aún más su salud.
Por otra parte, sin que se considere que es un padecimiento hereditario, es importante referir que hay familias que son especialmente sensibles y están muy inclinadas hacia la interpretación de los signos de enfermedad en todos los ámbitos de la vida, en otras palabras, aprenden a traducir de manera negativa cualquier signo corporal y lo asocian con angustia, miedo o ansiedad.
Antes de emprender una estrategia de solución al problema, es de vital importancia asegurarse que el paciente no tenga verdaderamente alguna enfermedad física, ya que al paso del tiempo y después de centrar su atención emocional en una función biológica puede terminar por formar síntomas orgánicos reales, lo que médicamente se conoce como reacciones psicosomáticas.
Pero si lo anterior se ha descartado y si el paciente sigue con angustia, preocupación y dudas acerca de su estado de salud, es posible que se trate de un trastorno psicológico.
Cuando se presenta este caso, se prescriben fármacos para controlar los síntomas de ansiedad o depresión, acompañados de terapia psicológica, en la que se trabaja para que se pierda angustia y miedo a la enfermedad y a la muerte que el hipocondriaco siente.
El especialista también promueve que el paciente evite asistir a consultas médicas o se acerque a un hospital, y que deje de hablar de enfermedades.
Para lograrlo es muy conveniente la colaboración de la familia, ya que en esta ocasión se trata de un problema real y no uno que caracteriza al hipocondriaco.
El paciente puede entonces comenzar a reinterpretar sus sensaciones corporales y sentir también aquellas que son agradables o neutras; su cuerpo deja de ser una fuente de dolor o temor y se puede convertir en un generador de placer y confianza.
Finalmente, se trabaja para que el paciente pueda enfrentar con éxito otros problemas que aparecen en su vida cotidiana: toma de decisiones difíciles, cambio de trabajo y separaciones, además, se aprenden conductas para evitar que en el futuro se desencadenen situaciones de depresión o angustia que puedan hacerlo recaer.
Enfermando a otros Entre la comunidad médica mundial se reconoce el síndrome del barón de Münchausen al conjunto de síntomas físicos que no son ciertos y por los que se busca atención médica de un hospital a otro.
La diferencia con la hipocondria, a la que aventaja en gravedad, es que se trata de personas muy inteligentes y llenas de recursos que han aprendido a imitar enfermedades y tienen un conocimiento avanzado de las prácticas médicas.
Se ha sabido de casos extremos en que el padre somete a presión a su hijo para que manifieste los síntomas de una enfermedad que no padece y altera sus muestras de orina y sangre para los análisis clínicos con el solo objetivo de que el pequeño reciba atención por parte de un médico y ¡por el mismo padre! Sobra decir que este es un grado de enfermedad muy avanzado que requiere atención especializada.
Así, la paciencia es el mejor aliado para comunicarse con alguien que se reconoce como hipocondriaco.
No descuidemos a nuestros adultos mayores y tratemos de estar cerca de ellos en la medida de lo posible, pues un poco de atención evitará que su mente divague por caminos extraños.

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