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24 feb. 2008

Dormir una siesta mejora la memoria de largo plazo


Noventa minutos diarios es lo que recomiendan los científicos para optimizar la capacidad de retención de datos, hechos y situaciones

Un estudio dirigido por el profesor Avi Karni y la doctora María Korman del Centro para la Investigación de Comportamiento y el Cerebro en la Universidad de Haifa determinó que una siesta de 90 minutos diarios acelera el proceso de la consolidación de la memoria a largo plazo. "Todavía no sabemos el mecanismo exacto del proceso de la memoria que ocurre durante el sueño, pero los resultados de esta investigación sugieren la posibilidad que es posible acelerar la consolidación de memoria, y en el futuro, podremos hacerlo artificialmente", dijo el profesor Karni. La memoria a largo plazo es definida como una permanente memoria que no desaparece o que lo hace después de muchos años. Esta investigación, conducida por investigadores de la Universidad de Haifa en cooperación con el Laboratorio del Sueño en el Centro Médico Sheba e investigadores del Departamento de Psicología en la Universidad de Montreal, publicada en la revista científica Nature Neuroscience, revela que una siesta al día cambia el curso de la consolidación en el cerebro.

EL ESTUDIO

Dos grupos de participantes en el estudio practicaron una actividad motora repetitiva que consistió en juntar el pulgar y un dedo en una secuencia específica. A uno de los grupos se le permitió dormir la siesta durante una hora y media luego de aprender la tarea mientras el otro grupo se mantuvo despierto. El grupo que durmió por la tarde mostró una mejor interpretación de su tarea al anochecer, a diferencia del grupo que se mantuvo despierto. Después del sueño nocturno, ambos grupos expusieron el mismo nivel de habilidad. "Esta parte de la investigación demostró que una siesta mejora la interpretación del cerebro en forma rápida. Después de un sueño nocturno los dos grupos estaban en el mismo nivel, pero el grupo que durmió por la tarde mejoró mucho más rápido que el que se mantuvo despierto", afirmó Karni.

UNA NECESIDAD
Hace tiempo ya se habían comprobado otros efectos benéficos que para la salud tiene dormir una siesta.
El adormecimiento y la "modorra" que se sienten después de comer, se deben a que una buena parte del torrente sanguíneo se ocupa de la digestión de los alimentos, por lo que el cerebro y los músculos se quedan, durante un rato, con una circulación un tanto menor a la normal. Dormir la siesta va de la mano de este proceso fisiológico y contribuye a digerir mejor la comida. Numerosos científicos aseguran que la siesta es reparadora porque incrementa el rendimiento laboral, permite aliviar tensiones y ansiedades y despeja la mente, pero aclaran que no se debe dormir demasiado en ese lapso de modo de no alterar el adecuado ciclo del sueño. Lógicamente, quienes trabajan no están en condiciones de dormir la siesta, por eso, en varias naciones europeas, hay algunos empresarios que desde hace dos años, aproximadamente, permiten a sus empleados dormir un rato en lugares especialmente acondicionados para ello.

PROTECCION CARDIACA
Otro estudio científico, en esta caso realizado en Grecia, logró demostrar que dormir la siesta contribuye a disminuir el riesgo de padecer algunas patologías cardíacas. El doctor Androniki Naska, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Atenas, encabezó el grupo de científicos que elaboró un estudio publicado en la revista Archives of Internal Medicine, según el cual, los beneficios para el corazón que brinda dormir la siesta son más palpables en los varones que trabajan. Del estudio realizado entre 1994 y 1999 tomaron parte 23.681 personas de entre 20 y 86 años que no presentaban trastornos cardiovasculares ni otras patologías graves. En el lapso que duró la investigación entre los voluntarios fallecieron 792 personas, 133 de las cuales murieron por causas cardíacas. Luego se determinó que las personas que ocasionalmente dormían una siesta habían visto reducido en un 34% el riesgo de sufrir algún problema del corazón. Ese guarismo se elevaba al 37 por ciento en quienes dormían una siesta de más de media hora en tres ocasiones a la semana, y al 64% en los hombres que podían dormir algunos minutos de siesta durante su jornada de trabajo.
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