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9 feb. 2008

Angustia y familia


Los temores angustiosos y patológicos son en gran parte consecuencia del entorno familiar. Así lo constataron en un estudio investigadores de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Dresde.

Ataques súbitos de pánico, a menudo combinados con miedo a sufrir de una enfermedad cardiaca e incluso de morir. Tales los síntomas principales de la enfermedad del miedo más seria: la agorafobia.

La agorafobia es el miedo irracional más común en las consultas médicas. Se estima que a nivel mundial más del tres por ciento de los hombres y el seis por ciento de las mujeres sufren de esa martirizante enfermedad con numerosas complicaciones.

Si bien por la etimología de la palabra se define como temor a lugares abiertos ("agora", del griego, significa plaza), en general el agorafóbico teme a cualquier situación en la que se sienta desprotegido, desamparado, de la que no le sea posible huir de inmediato a un lugar que considera "seguro" o en el que pueda recibir ayuda.

Tranquilizantes y dependencia

Por ello, la agorafobia suele incluir otras fobias más específicas como el miedo a los lugares cerrados (claustrofobia) o a las alturas. Para eludir el sufrimiento, el agorafóbico evita toda situación potencialmente generadora de ansiedad. Ello es un grave problema para la persona afectada, debido a que casi nunca deja su hogar, y cuando lo hace, generalmente siente una gran ansiedad, lo cual tiene graves consecuencias para su trabajo y su vida cotidiana.

El miedo al próximo ataque lleva a los agorafóbicos a evitar todo tipo de actividades “normales”: viajar en autobús o automóvil, hacer las compras o realizar diligencias fuera de la casa pueden ser para un paciente sinónimos de pánico mortal. Sólo imaginarse esas situaciones lo lleva casi siempre a reaccionar de inmediato con miedo: un círculo vicioso.

Para reducir el temor al temor, los afectados suelen tomar tranquilizantes, pero éstos conllevan el riesgo de depender de las pastillas. La sensación de no poder hacer nada contra los ataques desemboca finamente en la desmoralización y la desesperación, a menudo incluso en una seria depresión con tendencia al suicidio.

Un problema familiar

Las causas de la enfermedad estaban hasta ahora poco claras. En uno de los mayores estudios mundiales sobre el tema, un grupo de investigadores en torno al profesor Hans-Ulrich Wittchen, del Instituto de Psicología Clínica y Psicoterapia de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Dresde (TUD) analizó el entorno de los afectados en más de 3.000 familias.

El resultado del estudio es unívoco: el pánico patológico se registra mucho más frecuentemente en unas familias que en otras. El riesgo de los hijos de padres agorafóbicos de sufrir también de la misma enfermedad es tres veces mayor que el de personas con un entorno familiar “normal”.

Además, hijos de agorafóbicos no sólo enferman más a menudo, sino también a mucho más temprana edad. Como un comienzo temprano de los síntomas dificulta mucho la curación, ello es particularmente crítico.

Sólo uno de cada tres casos es reconocido

“Ahora tratamos de determinar qué conductas de los padres en relación con los hijos, además de mecanismos genéticos, hacen aumentar tan significativamente el riesgo”, dice el profesor Wittchen. “Ello nos permitiría tratar a los afectados más eficientemente y sobre todo en forma preventiva, es decir, cuando aparecen los primeros síntomas”, agrega.

Hasta que ese tipo de intervención preventiva sea posible, los investigadores aconsejan ayudar mejor a los padres enfermos. Padres exitosamente tratados son la mejor prevención. Ello no es un sobreentendido: en Alemania, sólo uno de cada tres casos es reconocido y tratado adecuadamente.

El profesor Wittchen exige un cambio de mentalidad, pues “disponemos de un método sumamente eficaz para mejorar la situación de los pacientes: la terapia cognitiva de conducta, a menudo es desconocida por los enfermos y muy pocas veces ofrecida por los terapeutas”. Con apoyo del Ministerio alemán de Educación e Investigación se lleva a cabo ahora un estudio para optimizar esa terapia para tratar el pánico patológico.

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