Psicología y astucia: las mejores armas del investigador policial



Rara vez visten el uniforme y aseguran que sus herramientas de trabajo son el lápiz y el papel. Se autodefinen como los intermediarios entre el delito y el juez INMA ALJARO. 

MÁLAGA 

Una mujer tendida en el suelo con el rostro completamente desfigurado. Le han dado una paliza brutal y la única pista es que ha sido un hombre negro que se ha montado en un autobús. Con esos datos, la policía se las tiene que ingeniar para dar con el autor de la agresión. Varias patrullas se movilizan y lo consiguen, detienen al sospechoso, pero en menos de 72 horas los investigadores tienen que reunir pruebas que justifiquen el arresto.

¿Cómo? "Con psicología, técnica policial, intuición y experiencia", explica el jefe del grupo de Investigación de la Comisaría del Centro, Andrés Román. El caso descrito ocurrió este mismo año y fue resuelto por agentes de su equipo, pertenecientes a la Brigada de Policía Judicial de Málaga, que se reparte en los grupos especializados, como la Unidad de Delincuencia Especializada o Violenta (UDEV), la Unidad contra la Delincuencia y el Crimen Organizado (Udyco) y Seguridad Ciudadana, o en las distintas comisarías de distrito.

En estas últimas se encargan de investigar las denuncias que llegan de los ciudadanos de la zona. Se autodefinen como "los intermediarios entre el delito y los jueces" y son los responsables, entre otras cosas, de corroborar que el denunciante no miente -este año ya han descubierto más de un centenar de testimonios falsos y simulaciones de delitos- reunir las pruebas suficientes hasta llegar al autor o autores del delito -sea este más o menos grave-. Y detenerlos.
Que les llamen sabuesos no les apasiona especialmente y mucho menos que se les compare con personajes de ficción con los que los guionistas se esfuerzan, una y otra vez, en recrear su trabajo. "No tenemos nada que ver con los policías que salen en las series, que están dando tiros todo el día", se defienden.

De hecho, rara vez van de uniforme y la pistola algunos prefieren dejarla en el cajón. Su labor, como dicen ellos mismos, es más de lápiz y papel. Pero que los amantes de la acción no se decepcionen, porque aseguran que, aunque suene a tópico, la realidad siempre supera a la ficción.

Es precisamente esa realidad la que les mantiene ocupados casi las veinticuatro horas del día. "Involuntariamente te llevas las investigaciones a casa. Algunas se convierten en retos personales y llega un momento en el que, aunque te cueste horas de sueño, lo único que quieres es resolverlo", cuenta el agente Juan Antonio Z.


Estafador nacional. A él, al menos le ocurre con frecuencia. Recuerda la historia de un estafador que le mantuvo bastante ocupado durante este verano. Comenzó con la denuncia de un ciudadano a quien le habían robado la cartera y, con ella, el DNI.

El caso era bastante típico y más tratándose del Centro, donde este tipo de hurtos se repite un día tras otro. Desde el principio supieron que recuperarla iba a ser complicado, pero no podían imaginar hasta qué punto.

A las pocas semanas apareció la misma persona para denunciar que habían usado su identidad en unos grandes almacenes. Las grabaciones de las cámaras del centro comercial confirmaron la versión del joven, "incluso le reembolsaron el importe de la compra", destaca el policía.

Pero no todo fue así de fácil. Pocos días después, le llegaban unas facturas que reflejaban la contratación en Roquetas de Mar (Almería) de varias líneas telefónicas. La estafa seguía sumando euros y ya iba por unos 6.000. Esa fue la segunda denuncia que interpuso. Con la tercera, la impotencia le arrancaba las lágrimas, recuerdan los agentes.

Colaboración. Porque ya eran ocho las líneas contratadas y el importe de las llamadas de algunas superaban los 300 euros. "Para la investigación necesitábamos la colaboración de las compañías telefónicas, pero éstas no suelen estar por la labor y se mostraban muy reacias a facilitarnos los datos que les pedíamos. Finalmente, tuvimos que buscar otras vías de investigación para intentar localizar al estafador", relata Juan Antonio.

En esas vías alternativas suelen estar implicados los contactos que los agentes han ido haciendo a lo largo de su carrera profesional con los que tienen que emplear su capacidad de improvisación y su ingenio para conseguir la información que necesitan para continuar investigando. "En definitiva, su arte", apunta Román.

Y fue así cómo el agente Z. consiguió convencer a uno de los propietarios de los teléfonos móviles contratados a nombre de la víctima de que le facilitara la identidad de quien se lo había vendido. Mientras, llegaba una cuarta denuncia: el joven a quien le habían robado el DNI había sido imputado en un supuesto delito de estafa y era requerido por un juzgado de Guadix (Granada).

Finalmente, el estafador fue detenido en Madrid. Tenía una docena de antecedentes policiales por delitos similares cometidos en varias provincias españolas. Ahora sí, "cuando todo encaja, respiras aliviado", señala.


Recuperación. En otras ocasiones, la psicología de los agentes facilita la confesión de quienes utilizan las denuncias falsas para cobrar indemnizaciones o para ocultar unos gastos a su pareja; o, como les ocurrió con los ladrones que robaron un par de relojes Rolex de 6.000 euros cada uno, recuperar la mercancía sustraída.

"En ese caso fue el instinto de supervivencia de los detenidos lo que nos facilitó el trabajo. Tras localizarlos y arrestarlos, conseguimos que nos dijeran a quiénes les habían vendido los relojes y fueron ellos mismos quienes los recuperaron. Los delincuentes conocen bien las leyes y saben que la colaboración les beneficia", recuerda el inspector Román.

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