Blog de Actualidad en Psicología.

14 sept. 2007

"Las problemáticas básicas siempre pasan por la sexualidad o la muerte"





Sorprende cuando cuenta que el 80 por ciento de "Historias de diván", su libro editado por Planeta y que ya va por la sexta edición, lo escribió en Mar del Plata. El licenciado Gabriel Rolón disfruta este exitoso momento tras haber cumplido el objetivo. "Intenté acercar la imagen de un analista más humano", señala en diálogo con LA CAPITAL y no duda en afirmar que las problemáticas básicas del ser humano, "por lo menos de los pacientes que yo trato, siempre son la sexualidad y la muerte".
"Una cosa que me motivó a escribir el libro fue un sentimiento real, no hay verso en esto, de agradecimiento al psicoanálisis por lo que hizo conmigo como persona y como paciente", remarca en otro tramo de la charla.
Asimismo, en el marco de una extensa entrevista, el licenciado Gabriel Rolón se refiere a las nuevas tecnologías y formas de comunicarse.
"El chat es un estilo de comunicación, pero en el cual el sujeto no se pone en juego, no hay cuerpo, no hay mirada, no hay abrazo... Entonces es un medio de comunicación, al menos, defectuoso", puntualiza.

- Consultorio, radio, televisión, entrevistas, presentaciones del libro... ¿Cómo hace para que el día le rinda así? ¿Cómo se pueden desplegar tantas actividades?
- En realidad yo también me lo pregunto. Como siempre ocurre en estas cosas, el tiempo no es elástico y de algún lado se quita. El trabajo en el consultorio, en la radio, en la tele, tengo un equipo que coordinar, y a veces el tiempo se quita de donde no se debería. Para que el tiempo rinda estoy un poco menos con mis afectos, pero cuento con la comprensión y la contención de mi entorno afectivo que me perdona esta ausencia momentánea a partir de todo esto que está pasando.
- ¿Psicología no fue precisamente su primera carrera no?
- No, no... Mi primera carrera, muy fugaz, casi un suspiro, fue un intento en Ciencias Económicas. Vengo de una familia bastante humilde, y en aquellas épocas te mandaban al comercial porque tenías salida laboral rápida, y cuando te recibías, si eras perito mercantil, ibas derecho a Económicas. Yo hice eso que se esperaba y no me gustó. Después hice tres años de profesorado de Matemáticas, que me gustó un poco más y recién después me incliné por la psicología.
- Y mientras todo esto sucedía, tocabas la guitarra... ¿Es tanguero?
- Sí, yo era guitarrista de tango y es más, guitarrista de folklore. He acompañado a grandes figuras como a Antonio Tormo, Reinaldo Martín, Hernán Salinas... La verdad, la carrera me la pagó mi trabajo de músico. Yo era músico y docente en un colegio secundario cuando me pagaba la carrera. Y así lo conocí a Alejandro Dolina, como guitarrista de tango.
- ¿Y fue precisamente en Mar del Plata donde se produjo esa unión con Dolina?
- Me había recibido de psicólogo, estaba trabajando, y mis sueños artísticos ya eran parte del pasado. Esto de ser músico y cantante quedaba atrás. Me acuerdo que a fines de enero, en plenas vacaciones, me llamaron por teléfono y me dijeron que Guillermo Stronatti se tenía que venir una semana a Buenos Aires y me invitaban a participar una semana en el programa que se hacía en Mar del Plata para reemplazarlo. Alejandro estaba con Dorio, un tipo de una inteligencia maravillosa pero no le pidas que toque el timbre porque desafina, así que me invitaron para tocar la guitarra y cantar. Para mí trabajar con Dolina era un sueño. Me acuerdo esa primera noche, estaba muy nervioso, y Dolina me dijo "vos sentate y si se te ocurre algo decilo", con esa generosidad que él tiene. Hace 14 años que estoy con él.


"El 80 por ciento está hecho en Mar del Plata"

- ¿Cómo nació este libro, "Historias de Diván"?
- A mí me llaman de editorial Planeta y tenían la idea de un libro de consultas. Dada mi labor como psicólogo en los medios, ellos esperaban, para graficarlo de un modo satírico, algo así como "las cien preguntas que usted le haría a un psicólogo". Les dije que tenía otra propuesta para hacer, que era esta. Quería hablar de temas que le permitieran a la gente identificarse y que en todos los casos iba a desarrollar un poquito de teoría. Tenía ganas de hacer algo, no desde el punto de vista del tipo que se las sabe todas y da consejos sobre cómo se hacen las cosas, sino cómo yo trabajo esos problemas y esas dudas adentro del consultorio. Me sentía más feliz escribiendo eso. Con Marianito Valerio, que es el editor que Planeta me puso, pegamos un afecto muy grande y trabajamos muy bien, y lo convencimos al director editorial, a Nacho Iraola. Nos miraba y nos preguntaba: ¿ustedes están seguros? Iraola me llamó por teléfono, se vino a mi consultorio una mañana, y me trató con un gran cariño siendo que yo no había vendido nada ni era un tipo a seducir por el mundo literario. Así nació "Historias de Diván", pidiéndole permiso a los pacientes para que me dejaran escribir sobre una parte de su historia y su tratamiento, dándole a leer el caso a ellos antes que a la editorial para que me dijeran si se sentían lo suficientemente escondidos en esa especie de camuflaje que uno hace de los personajes para ocultar a las personas reales. "Historias de Diván" es un libro que en un 80 por ciento está hecho en Mar del Plata. Yo estuve en enero haciendo temporada con Dolina, y me fui solo. Me encerré en el hotel y salía sólo para el programa. De los ocho casos, seis, te diría, fueron escritos en Mar del Plata.

- ¿Qué explicación le das a este éxito? ¿Qué hace que un libro de un psicólogo contando casos produzca tanta curiosidad? ¿Se relaciona con un husmear en la vida ajena, con el éxito de los realitys?... El libro te permite espiar la sesión...

- Esa era la idea. El diseño de tapa me gustó mucho, con esa especie de puerta entreabierta que te permite espiar. El deseo de saber, y hasta de espiar en la vida de los demás, esa especie de morbo de enterarse, que es común a todo los seres humanos. El tema era qué mostrar. Había que mostrar algo que tuviera que ver con el pensamiento, con la reflexión, con gente que pelea para salir adelante, y no mostrar alguna cuestión liviana o miserable. Me pareció que si uno mostraba eso estaba en el mazo de las cosas más o menos nobles. ¿Qué explicación le doy al éxito? No voy a negar que mi presencia en los medios tiene que ver ya que he contado con una gran ayuda de todos los amigos que me quieren o he colaborado. Gran parte le debo esto a los amigos que me han hecho favores y además, Planeta es una editorial que distribuye muy bien. Si una virtud intento tener en mis participaciones donde fuere, es la de ser claro, la de intentar transmitir algo pensando que quien está enfrente no tiene por qué saber lo que es la pulsión de muerte o la líbido. Eso me lo enseñó un poco la docencia. Hay que decir las cosas de modo que se entiendan. El libro, creo, intentó eso: transmitir cosas profundas en un lenguaje ameno. Tengo una especie de ambivalencia. Hay gente que me dice que le resultó muy entretenido y pienso "esto es lo que buscaba", pero en algún punto me resuena porque por ahí me pregunto qué pasó con la parte emocional o reflexiva. Es un libro limítrofe entre lo profundo y lo liviano de la narración, y como escritor, la devolución de la gente te deja distintas sensaciones.
- ¿Al ser tan mediático, al tener éxito, seguramente deben haber llegado las críticas de algunos colegas? Le sucedió a Felipe Pigna cuando sus libros se convertían en best sellers.
- He recibido diferentes tipos de comentarios de mis colegas. Una cosa que me motivó a escribir el libro fue un sentimiento real, no hay verso en esto, de agradecimiento al psicoanálisis por lo que hizo conmigo como persona y como paciente. Intenté acercar la imagen de un analista más humano. Me pasó una vez que estaba haciendo una pasantía en un hospital, y podíamos presenciar una entrevista donde nos dejaban mirar pero no hablar. Cuando me tocó presenciar mi entrevista, estaba muy ansioso porque iba a ver a un paciente de carne y hueso... Estábamos con la psicóloga y cayó una mujer, que se sentó con humildad frente a la profesional. Esta mujer empezó a agachar la cabeza, metió las manos entre las piernas, y se quedó como media hora callada, sin decir nada, angustiada, y yo miraba a la profesional y por dentro decía "hacé algo, preguntale cómo está"... En esos momentos dije "esto no me tiene que pasar a mí". No puedo ni quiero tener esa postura de creer que soy mejor psicoanalista porque si subo al ascensor al paciente no le hablo. Esa postura nos hizo muy mal a los psicoanalistas, esa postura que nosotros mismos hicimos de personas que están lejos de la gente, incapaces de un gesto amistoso, cariñoso... Sentía que podía comunicarle a la gente que hay algunos analistas que si los vemos en un bar, lo saludamos, y hasta podemos sentarnos y no pasa nada.

De dolores propios y ajenos

- ¿Cómo se hace para despojarse de toda esa problemática, de todos esos dramas y cuestiones que absorben a diario en el consultorio? Sé que son profesionales, pero calculo que no debe ser fácil...
-No es fácil, pero uno desarrolla una cierta gimnasia en esto. Como periodista, te debe pasar que cubrís un caso doloroso, de gente que está mal, pero de esos casos cubrís ocho por semana así, que si te enganchás te morís vos de angustia. Excepto casos extremos que te tienen muy preocupados, y llamás vos por teléfono para ver cómo está el paciente, uno aprende a despojarse un poquito. ¿Sabés qué viene en auxilio de esto? Los dolores propios. A veces lo que te salva del dolor ajeno es el dolor propio. A vos la vida te pasa igual que a los demás, los conflictos emocionales te llegan igual que a los demás, y el estrés, el laburo y ciertas broncas... De alguna manera tu propio mundo interno te protege de quedar demasiado capturado con el dolor de los demás.


La sexualidad y la muerte

- ¿La falta de valor y límites claros, la fragilidad de los vínculos, el éxito como valor supremo a alcanzar repercuten en la aparición de nuevas patologías que llegan al consultorio o en definitiva son siempre las mismas que van cambiando de nombre de acuerdo a la época?
- Excepto impactos muy profundos... Estoy pensando en la crisis que tuvimos hace seis o siete años, donde veías en el consultorio a una mujer que se había hecho cargo del hogar porque el marido no conseguía trabajo y tenía 40 años, etc, etc, casos muy surgidos de la problemática social del momento. Pero excepto esos momentos tan críticos, uno va cambiándole el nombre a ciertas cosas, pero por lo menos en lo que yo trabajo que es el psicoanálisis, con todas sus variantes, las problemáticas básicas del ser humano, por lo menos de los pacientes que yo trato, siempre son la sexualidad y la muerte. Elegí todo el abanico que quieras. Dentro de la sexualidad, los celos, la posesión, el temor a estar solo, la impotencia, la anorgasmia. Y dentro de la muerte, no sólo la muerte real sino los duelos evolutivos... Siempre vas a encontrar que gira en torno a esos dos temas, con las variantes típicas de cada época.
- El chat es una nueva forma de comunicarse. Hombres y mujeres se conocen en el ciberespacio donde no hay miradas, no hay palabras, no hay cuerpo... Algunos se descubren diciendo cosas que no son capaces de repetir en un cara a cara, en la vida real. ¿Cuál es la lectura que hace de este fenómeno?
- El chat tiene algunas ventajas y algunas desventajas. La ventaja que tiene es que por ahí les permite a ciertas personas, a las cuales salir o comunicarse les cuesta mucho, armarse un cierto grupo de pertenencia. Se juntan, chatean, conversan... Una vez me pasó una cosa muy loca. Estaba cenando en un restaurante, y en una mesa al lado, eran como diez personas, hablaban, y se notaba que algo raro había. Hablaban pero se notaba que no se conocían, hasta que escuché que uno decía "tiene razón Nicky33". Eran del chat. ¿Ahora, cuál es la dificultad? El chat es terriblemente adictivo, y además puede ser un elemento que se suma a la patología. Es decir, alguien con dificultades para comunicarse puede creer que realmente se está comunicando a partir del chat y en vez de esforzarse por salir, ir a bailar, a un taller literario o a hacer deportes, puede creer que de esa manera se está contactando de verdad y en realidad lo que está haciendo es encontrar una supuesta salida para quedarse encerrado dentro del síntoma. En ese sentido, sí me preocupa porque es un estilo de comunicación, pero en donde el sujeto no se pone en juego, no hay cuerpo, no hay mirada, no hay abrazo... Entonces es un medio de comunicación, al menos, defectuoso.



POR:  Marcelo Pasetti  / LA CAPITAL

El licenciado, conocido por su participación en los medios -a la medianoche con Alejandro Dolina en la radio, en televisión con Mariana Fabbiani- se preocupa por mostrar un psicoanalista más humano.

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