Blog de Actualidad en Psicología.

14 sept. 2007

La psicología, al servicio de la prevención del infarto



Desde hace años, se sabe que el estado emocional de un individuo está asociado con la enfermedad coronaria y viceversa. Pero ¿cómo se encara el tratamiento de los aspectos emocionales de estos pacientes? ¿Es posible prevenir un infarto curando, por ejemplo, la depresión?

"Muchos cardiólogos subestiman estos cuadros, o no los indagan adecuadamente y pasan inadvertidos hasta que ya es demasiado tarde", afirma la doctora Mirta Laham, directora del Instituto de Psicocardiología del Instituto de Investigaciones Médicas Dr. Alfredo Lanari (UBA), institución donde ha creado un equipo específico de psicocardiología, abocado al tratamiento emocional de pacientes coronarios.

Esta nueva disciplina cuenta con pocos profesionales en el país y aborda los factores psicológicos que favorecen la aparición y el desarrollo de la enfermedad cardiovascular, porque, como explica Laham, "los factores de riesgo no son solamente los biomédicos: la personalidad, el estrés y las emociones afectan la salud coronaria. Así, las sensaciones de frustración, ira, sufrimiento y de corazón roto pueden fomentar el infarto".

Un reciente estudio -llamado Enhancing Recovery in Coronary Heart Disease Patients - acaba de confirmar que los pacientes con cuadros depresivos graves tienen un mayor estado inflamatorio y riesgo de trombosis que los pacientes sin depresión.

Pero el estudio llega más lejos y asegura que un tratamiento antidepresivo mejora la calidad de vida de los pacientes, pues reduce estos riesgos y aumenta la adherencia al tratamiento y el deseo de recuperación. En suma, el paciente deprimido que reciba apoyo psicológico o medicación antidepresiva reduce hasta en un tercio su riesgo de padecer episodios cardíacos.

Grupos de riesgo

Uno de los elementos que vinculan los trastornos cardiológicos con la depresión es la serotonina, según dice Laham, íntimamente relacionada con la actividad del corazón; su nivel es bajo en los depresivos.

Asevera la especialista que el grupo de mayor riesgo emocional está formado principalmente por personas que padecen depresión ansiógena o ansiosa. "[Se trata de] una depresión explosiva, impaciente, irritable, con altos niveles de distrés. Es la depresión del enojo permanente, no la de la tristeza o del duelo", puntualiza.

La tarea con pacientes que ya han padecido algún episodio cardíaco apunta a resolver el mayor problema derivado de la depresión, que es el bajo cumplimiento del tratamiento. "Los pacientes deprimidos suelen tener estilos de vida poco saludables y no siguen el tratamiento en forma adecuada. Los enfermos que tuvieron un infarto de miocardio reciente y presentan síntomas de depresión no son proclives a los ejercicios de rehabilitación, la dieta y la medicación recomendada."

Con los pacientes internados se trabajan los miedos: al dolor, a la muerte, a la incertidumbre; se lo acompaña; se le explica qué le va a pasar. Otro aspecto a trabajar son los cambios que exige la nueva condición de cardíaco.

"Al paciente le hacen una angioplastia; el médico le dice que tenía el 95% de la arteria tapada; se asusta; deja de fumar, y a los dos meses se olvidó porque en la casa tiene problemas o en el trabajo le exigen, o tiene un infarto y el médico le indica que no coma más con grasa, que no se ponga nervioso, que disfrute el ocio, que camine todos los días. Es un cambio difícil de hacer de un día para el otro. Por eso, cuando pasa el miedo, reinciden y el riesgo se intensifica. El psicocardiólogo es decisivo en esta etapa, porque ayuda a este necesario cambio de estilo de vida".

En el consultorio

La psicoterapia psicocardiológica también se despliega en los consultorios psicológicos. "Con los conocimientos necesarios y una escucha atenta, un psicocardiólogo no sólo puede prever sino también prevenir un infarto", asegura la doctora Laham.

"A veces me derivan pacientes que tuvieron un preinfarto. Además de los factores de estrés agudo, hay que estar muy atentos a los factores de personalidad propios de un eventual paciente coronario: la impaciencia, el apuro, la irritabilidad, la asertividad, la adicción al trabajo. Y los psicólogos tienen que entrenarse para detectar cuándo un paciente está en riesgo físico", recomienda Laham.

Además de la escucha, el nivel de riesgo es detectado mediante una batería de tests: de personalidad, de hostilidad, de depresión, de cigarrillo y nutrición, entre otros. "Cuando yo estoy frente a un paciente que fuma mucho, que tiene trabajo estresante y con alta demanda, y que está sobrepasado de ansiedad y se siente deprimido, de inmediato le solicito que consulte al cardiólogo y se realice ciertos estudios. Y muchas veces nos encontramos con que tiene altísimo el colesterol y con que está muy próximo al episodio coronario. Así lo evitamos."

Según la especialista, lo más arduo del trabajo con estos pacientes es el cambio de hábitos, tanto en los que ya tuvieron un episodio como los que saben que tienen factores de riesgo. "Se enojan con ellos mismos por haber llegado a esa situación", dice. Y allí es cuando se hace necesario el control externo.

"En la psicocardiología no hay una actitud contemplativa ni de «a usted qué le parece» -concluye Laham-. Se acuerdan de las cosas que hay que cambiar porque hay riesgos físicos."



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