Hablan lo mismo, pero no de lo mismo


Un estudio revela que hombres y mujeres usan del orden de 16.000 palabras al día, aunque varían los contenidos, pragmáticos o emocionales en función del sexo.
Oviedo, J. N.

Un equipo de investigadores ha descubierto que en realidad las mujeres no hablan mucho más que los hombres. De esa forma se cancela un mito muy extendido, porque aparece en diversas culturas, y que tiene hondas raíces aun en las sociedades actuales. El equipo dirigido por Matthias R. Mehl, profesor de Psicología de la Universidad de Arizona (EE UU), es el responsable del descubrimiento que acaba de ser publicado por la prestigiosa revista «Science», reciente premio «Príncipe de Asturias» de Investigación Científica y Técnica. Las diferencias, sin embargo, se mantienen en los contenidos, las mujeres hablan más de sentimientos y emociones, y lo hombres, de cosas exteriores y pragmáticas.

El ensayo se realizó colocando micrófonos a 396 universitarios durante períodos de tiempo que variaron de dos a diez días. De esa forma se estudiaron sus conversaciones y se pudieron calcular cuántas palabras habían empleado a lo largo de una jornada. El resultado ha sido muy preciso: las mujeres utilizaron 16.215 palabras de media, y los hombres, 15.669. La diferencia, apenas 546 palabras.

James W. Pennebaker, titular del departamento de Psicología de la Universidad de Texas y coautor del estudio, ha indicado que los expertos recogieron la información como parte de un proyecto más amplio que procura entender por qué la gente se conmueve cuando habla sobre sus experiencias personales.

El origen del ensayo fue la sorpresa que causó un artículo de una revista donde se aseguraba que las mujeres utilizaban un promedio de veinte mil palabras diarias, y los hombres, sólo siete mil. Si fuera objetiva una diferencia tan abultada, pensaron, se habrían dado cuenta con anterioridad. Posteriormente, comprobaron que ese cómputo publicado en la revista había sido utilizado durante años en diversos libros. Sin embargo, no lograron encontrar ninguna investigación concreta que lo avalara.
«Aunque muchas personas creen en el estereotipo de que las mujeres son conversadoras y los hombres más reservados para hablar, no existe un estudio a gran escala que haya documentado sistemáticamente las conversaciones naturales de grandes grupos de personas durante períodos prolongados de tiempo», ha comentado Pennebaker.

El ensayo comenzó con un grupo de estudiantes en el año 1998, con dos grupos en 2001, con otros dos en 2003 y el último en 2004. Uno de los grupos de 2003 incluyó a 51 estudiantes en México. El resto era de Estados Unidos.

En cuanto a los contenidos, a la cualidad frente a la cantidad, las mayores diferencias entre hombres y mujeres se han registrado en el contexto de conversaciones informales, circunstancia que los investigadores atribuyen a que estas conversaciones son las que ofrecen más libertad para hablar.

En esos contextos es donde más se aprecia que los hombres recurren con alta frecuencia a expresiones negativas, hablan más en presente, utilizan más a menudo palabras más largas y hablan más de actividades concretas, especialmente de ocio, mientras que las conversaciones femeninas giran fundamentalmente en torno a relaciones psicológicas y sociales.

Las diferencias registradas entre hombres y mujeres son estadísticamente pequeñas, pero recurrentes y significativas, advierten los investigadores. Esto explica que, aunque en grupos amplios de población se observen estas diferencias, no describan las conversaciones de todo el mundo a escala individual: entre los hombres, algunos se sienten más cómodos hablando de relaciones humanas; y entre las mujeres, algunas son más propensas a hablar de cuestiones impersonales. El objetivo del estudio, ha explicado Pennebaker, es «situar la investigación de las diferencias entre el lenguaje de hombres y mujeres sobre una base empírica firme» y alejarla de «estereotipos no demostrados».

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