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24 jun. 2007

Ira, síntoma de la frustración del adolescente, advierte especialista

Son muchachos fáciles de identificar, pues destacan por su capacidad de liderazgo, son carismáticos y renuentes a la autoridad.

México, DF.– La ira en los adolescentes es un síntoma de frustración, cuyo origen es el mismo núcleo familiar, explicó la doctora Adriana González Padilla, del Instituto de Investigación en Psicología Clínica y Social.

Agregó que un joven agresivo probablemente tiene padres violentos, que aprende a vivir y saca su ira en el entorno escolar.

Son muchachos fáciles de identificar, pues destacan por su capacidad de liderazgo, son carismáticos y renuentes a la autoridad.

Sin embargo, dijo, suelen tener bajas calificaciones, se ausentan constantemente del colegio y se involucran en problemas constantemente, por lo que son propensos a las adicciones, como el alcoholismo o la drogadicción.

González Padilla aseguró que para estos jóvenes la agresión y el acoso es un estatus, ya que se autoafirman como dominantes pero lo grave es cuando pierden el control de sus impulsos porque pueden lastimar seriamente a sus compañeros o trasladar su coraje y agresión a profesores.

A su vez, la coordinadora de la Comisión de Talleres del IIPCS, María Eugenia Patlán, indicó que los “bullers” pueden dividirse en el acosador inteligente: son jóvenes que gozan de cierta popularidad, tiene carisma incluso con las mujeres; ven con exactitud las debilidades de sus víctimas.

También existe el acosador poco inteligente, que es la sombra del acosador inteligente y generalmente son “compinches” del “buller dominante” y están subordinados a ellos.
Otro caso es el acosador y víctima: el que está en medio, que aspira a ser dominante pero a la vez es acosado.

“Utiliza la ley del desquite, es decir, repite lo que ha vivido en su casa, donde probablemente su padre agrede a su madre, ésta a él y él a sus hermanos”.

González Padilla expuso que las tres clasificaciones de bullers resumen conductas destructivas, por lo que recomendó instrumentar políticas de educación emocional, desde la primaria hasta el final de la educación media superior.

También consideró necesario diseñar actividades dirigidas a la víctima, a los agresores, a los espectadores, a las familias y con la comunidad académica.

“Lo importante es tomar medidas preventivas, anticiparse al problema. Lo que no se puede es pasar por alto cualquier acción agresiva aunque sea de tipo verbal o psicológica, porque por lo general, derivan en situaciones mucho peores”, concluyó.
Notimex


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