Blog de Actualidad en Psicología.

3 may. 2007

Altas exigencias familiares y escolares, entre las situaciones que favorecen los desórdenes nerviosos en los pequeños


Una generación de niños ansiosos




De 5 a 18 por ciento de los infantes y adolescentes vive con los efectos del estrés negativo, según la Secretaría de Salud. En Guadalajara, eso se traduce en entre 34 mil y 122,500 infantes estresados; incluso hay casos de bebés con este tipo de problemas.




Los niños y las niñas aprenden pronto. Sus padres quieren que aprendan pronto: a leer y escribir. Las tablas de multiplicar. Inglés. Karate. Y algunos que no pueden pagar para tanto, aprenden que no pueden aprender en la escuela. El resultado es que muchos aprenden que los nervios de punta son un estado permanente: en México, entre 5 y 18 por ciento de los infantes y adolescentes vive con los efectos del estrés negativo, según la Secretaría de Salud federal (SSa).En general, la neurosis tiene relación con el número de habitantes que pueblan las ciudades. El gentío provoca soledad. La educación informal se confía a un televisor. Y la gente está sujeta a más estímulos ambientales y exigencias sociales, explica el presidente de Asociación Psiquiátrica de Jalisco, Sergio Villaseñor Bayardo. La zona metropolitana de Guadalajara es un depósito inmenso de prisa, tensión, pobreza económica y carencias afectivas. De todo eso, los niños y las niñas aprenden pronto.Otro especialista, el coordinador de investigación del Centro Universitario de Ciencias de la Salud de la Universidad de Guadalajara, Roque Quintanilla Montoya, indica que los niños de entre seis y doce años de edad son más propensos a desarrollar crisis nerviosas. Las cifras cruzadas arrojan que en esta urbe vivirían entre 34 mil y 122,500 infantes estresados.Entre los seis y los doce años de edad, refiere Roque Quintanilla, los seres humanos toman conciencia de su entorno y se preparan para adolescentes. La edad ideal para el estrés no quiere decir la edad exclusiva. El encargado del área de Psiquiatría del antiguo Hospital Civil de Guadalajara (HCG), Miguel Ángel Flores, relata que a su consulta han llegado nenes con un año de vida. Hace unas semanas, el servicio de Nutrición del mismo nosocomio abrió un turno vespertino para atender a 30 pacientes con anorexia y bulimia nerviosas. La mayoría llegó a través de una consulta externa o una hospitalización del área de Pediatría.“Los niños aprenden pronto”, insiste Sergio Villaseñor. “Sus padres trabajan. Limpian la casa. Cumplen. Cumplen. Cumplen. Se culpan por descansar porque creen que la vida se les escurre entre las manos (Público, 14 de agosto de 2005)”. 

Las niñas aprenden que sus madres viven estresadas por alcanzar una figura de revista, lamenta la psiquiatra del HCG, Adriana Rivas Anguiano.La investigadora de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México, Emilia Lucio Gómez, atribuye la neurosis más temprana a la presión que se ejerce sobre los infantes para que aprendan distintos idiomas antes de los seis años, pues esas obligaciones no son aptas para su madurez intelectual. Un estudio de bienestar que realizó la empresa MTV Networks indica que los niños y niñas mexicanos se estresan por temor a perder a sus padres, miedo a los secuestros, angustia por poder continuar sus estudios. También le temen al cáncer y el terrorismo. Esa investigación añade que después de Brasil, México es el segundo país de América Latina en cantidad de niños nerviosos (La Jornada, 21 de abril de 2007.


Los especialistas locales tienen explicaciones más simples para la ansiedad infantil. Entre los seis y los doce años de edad los niños experimentan más requerimientos de respuestas a situaciones cotidianas, pues se encuentran en un periodo de adaptación para la adolescencia. Algunas situaciones le ponen más leña al fuego. La lista es larga: las exigencias académicas escolares y extraescolares desproporcionadas, el divorcio de los padres, la violencia intrafamiliar, la crisis nerviosas de los adultos, las enfermedades e intervenciones quirúrgicas, la muerte de amigos o parientes, las dificultades escolares, los ataques o experiencias sexuales, los problemas intrafamiliares, las situaciones de peligro real o imaginario, el miedo al abandono, el temor a perder un objeto amado, a la venganza, al castigo, a los accidentes, a la menstruación —¿Qué sentirán los que se enteran por el noticiario de la televisión que una mujer apuñaló a sus hijas?—.Eso, entre los más pequeños. Los adolescentes tienen conflictos relacionados con la autoestima personal: la capacidad intelectual, el aspecto físico, el temor al fracaso y otros y con las relaciones interpersonales, según Inés Nogales Imaca, doctora de la Clínica de Trastornos Emocionales del Hospital Psiquiátrico Infantil Juan N. Navarro, de la SSa.El estrés es una enfermedad del siglo XXI, y los niños deberán resolver el momento histórico que les tocó, continúa el investigador. Más les vale.Para liberar la ansiedad, el cuerpo humano suele convertir los padecimientos mentales en males físicos, advierte Roque Quintanilla Montoya. Los pequeños suelen enfermarse de gastritis, úlceras, colitis, jaquecas, insomnio… cuando bien les va. 

El estrés impide que los niños liberen la hormona del crecimiento, refirió el coordinador de la Clínica de Atención Integral al Niño Maltratado del Instituto Nacional de Pediatría, Arturo Loredo, en una entrevista difundida por la agencia de noticias CIMAG.Con todo eso nada es tan malo como un suicidio. Y en Jalisco el suicidio se colocó como una de las principales causas de muerte entre los seis y los catorce años de vida, recuerda Roque Quintanilla. En 2006 se quitaron la vida catorce niños de esa edad. Quizá fueron muchos más, en cuyos certificados de defunción se anotó que la causa fue un accidente. Tampoco se cuentan las tentativas, observa el investigador.Coincide con Inés Nogales Imaca en que no todos los niños son propensos a desarrollar estrés, pues a lo largo de su corta vida cada uno desarrolla distintas habilidades y posee información genética diferente para hacerle frente a las crisis. “Hay niños que en la última hora se arrepienten de participar en un festival escolar. Habrá niños para los que por ejemplo la violencia familiar es una situación cotidiana, pero otros no sabrán cómo manejarla”, explica Roque Quintanilla.También es cierto que la educación formal, que a veces exigen tanto de los infantes, carece de programas orientados a la solución de problemas. Los niños que crecen sin esta formación y son más vulnerables se sienten incapaces de resolver cualquier conflicto y se desarrollan con una desesperanza aprendida.El doctor en psicología aplicada asegura que los padres conocen a sus hijos y deben preguntarles qué pasa, de frente y con un lenguaje adecuado para la edad y buscar atención profesional ante cualquier cambio duradero en el comportamiento de los niños (ver Claves).La opinión del presidente de Asociación Psiquiátrica de Jalisco, Sergio Villaseñor Bayardo, es que el asunto es más complicado de lo que parece. Es muy probable que los papás de los niños estresados también vivan ansiosos.—¿Qué va a pasar en el futuro con esos niños?—Aprenderán a vivir de prisa. Aprenderán que primero son las exigencias y luego los deseos. Van a crecer como generaciones frágiles. Perdidas.




• Aislamiento, timidez y enfermedades como gastritis o úlceras, entre los padecimientos de los niños estresados.




• 80 por ciento de los adultos con trastornos de ansiedad ha referido que comenzaron a experimentar el padecimiento antes de los 18 años de vida, según la Secretaría de Salud federal


• El hospital Civil de Guadalajara atiende a bebés ansiosos, de apenas un año de vida


• Los niños y niñas estresados experimentan sentimientos de inferioridad, hipersensibilidad, vulnerabilidad emocional, exageración en las respuestas emocionales, timidez, aislamiento social, vinculaciones afectivas inadecuada, llantos, rigidez emocional


• Estos infantes se responsabilizan en exceso de los fracasos, tienen dificultades para generar alternativas de actuación y se desempeñan lentamente en la toma de decisiones


• Algunos síntomas del problema son: irritabilidad, alteraciones en el ritmo normal del sueño, dolores de estómago, diarrea constante, incontinencia urinaria y fecal, aislamiento


• Si el estrés infantil no se atiende a tiempo puede ocasionar conductas autodestructivas e incluso el suicidio







• Fuentes: Secretaría de Salud y Asistencia, Centro Universitario de Ciencias de la Salud, Hospital Civil de Guadalajara
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